Bueno, como en el post anterior dedicado a la Feria de Abril ya solté suficiente mierda por mi bocaza —y bien tranquilo que me quedé, oiga—, ahora vamos a relajarnos un poco y vamos a contar cosas con, a pesar de todo, cierto toque de humor.
Mi primera vez fue con 15 años. La primera vez que me robaron, quiero decir. ¡Que os gusta mucho el morbo julandrones! La primera vez que me robaron en mi vida fue en la Feria de Abril ¡Cómo no!
Iba yo con mi colega Josemon (¡y ya voy para los 28, fijáos si hace años que aguanto al notas este!) y con otro colega cuyo nombre real os juro que no recuerdo. ¿José Manuel, quizás? No lo sé ¡Y qué más da! Lo llamábamos Marchito. Y puede parecer un mote de coña —que también—, pero lo llamabamos así porque era su apellido (y además iba con su personalidad). ¿Cómo os podría definir yo en pocas líneas a Marchito? Imaginad a un tipo como el Fidel de la serie Aida (un frikazo gafah pelo huevo canijo odioso con un toque gay bastante importante) pero con una estatura de 1,90. Pues ése es y era Marchito. Tenemos un pasado oscuro de amistades, lo reconozco. Podría estar varios post hablando de las frikadas y gilipolleces que hacía Marchito, pero me da miedo que dentro justo de un año descubra este post y venga a mi casa disfrazado de personaje de Bola de Dragón para matarme con un kame-hame-ha imaginario ¡Algo así le puede pasar a cualquiera! Así que mejor me centro en la historia.
Ibamos aquella tarde-noche de Feria lo tres solos zanganeando por ahí. Creo que llevaba en el bolsillo unas 2000 pesetas y me sentía el rey del mundo. No recuerdo que bebieramos, pero si lo hicimos seguramente optimizamos muy bien el gasto. Para más inri, nos acercamos a una caseta donde estaba currando el padre de Josemon, actual dueño de la
Marisqueria Casa Antonio
Panes de la casa, Especialidad en Marisco
C/ Alfareros, 19
41008, Sevilla
(Perdonadme, pero a cambio de publicidad me dan cervezas gratis).
...Aprovechando que el padre de Josemon trabajaba en una caseta, comimos algo de gratis. Y con casi todo nuestro dinero en los bolsillos fuimos a la Calle del Infierno donde están todas las atracciones (en sevillano se dice escalesita). Y fuimos a parar a la máquina de la perdición: ¡¡¡LOS GANCHOS DE LA FERIA!!! ¡Y que gran día tuvimos! Cada jugada eran 100pesetas (20 pavos de la época). Conseguíamos muñeco por cada jugada. ¡Ay, a sien peheta er LuniTún, María! ¡Que los shavaleh tienen la racha! ¡Me lo quitan, me lo quitan de las maaaaanus! Yo creo que conseguí del tirón unos 6 o 7 muñecos y Josemon igual. Se me resistió un CorreCaminos que me salió por 400pesetas (pero ya era una cuestión personal). Menos mal que Josemon llevaba una mochila (no sé por qué motivo). Llenamos la mochila hasta arriba de muñecos. Estábamos que nos salíamos de la pelleja.
Tras la euforia comenzamos a repasar los gastos y nos quedamos a cuadro. Entre las cocacolas, una atracción y los muñecos, Josemon y yo nos habíamos quedado sin pasta ¿Cómo coño ibamos a pagar el bus de vuelta? Giramos nuestras cabezas hacia Marchito.
—¿A ti cuánto dinero te queda, Marchito?
—Joé, tío... ¡Venga, vale!
A todo esto que nos viene un nota chungo a más no poder, rapado, con cortes en la cara, voz grave, con unos vaqueros hecho una mierda y una chupa de cuero.
—Illo, mira es que he conseguido este reloj en los ganchos y no me funciona.
—Coño, pues ve al nota de la ventanilla y se lo dice ¿no?
El tipo se queda un poco rayado y tras mirar el reloj hace como que se dirije para la ventanilla. Se da la vuelta y nos rodea a Jose y a mi con los brazos.
—Vamos a ver, pringaos... Vamos a hacer como que somos coleguitas y estamos aquí charlando y me vais a dar todo lo que llevéis encima —sonó peliculero total Josemon y yo nos miramos. Al principio con un poco de nervios. Pero no nervios de miedo, sino más bien de pensar que si le quitaba el dinero a Marchito nos volviamos a pata ¡A pata!
— ¡Uf! Que va tio... Es que no tenemos un pavo encima —explicó Josemon
—Illo, vamos a ver, no me hagáis sacarla, no me hagáis sacarla...—dijo el yonki mientras meneaba su mano dentro del bolsillo de la chupa de cuero y le daba una especie de baile de zambito. La otra mano nos amenazaba cerrada y en los nudilos tenía escrito con ácido la palabra "ACID".
Este gesto tela de chungo nos hizo retroceder un paso para tomar algo de perspectiva (y posible puntos de vida). Tras este gesto nos dimos cuenta los tres (Josemon, el yonki y yo) de que Marchito había desaparecido. El muy maricón se había ido corriendo sin que ninguno nos dieramos cuenta en cuanto se escapó de las garras del yonki. Tras fliparlo durante un segundo los tres continuamos con los nuestro como Diox manda:
—Tío ya te hemos dicho que no tenemos un pavo, así que tranqui —dije yo intentando calmar un poco la situación
—¿A que voy a tener que sacaros la cartera a la fuerza? —amenazó el yonki
Yo creo que fue esta frase la que nos tocó la moral a Jose y a mi. Con la seguridad de que no nos podía robar nada (nuestro dinero había huido como una autentica maricona), nos crecimos. Lo reconozco, nos crecimos bastante. Más aún cuando nos percatamos de que el rollo de la mano en la chupa de cuero del nota era un teatro de tercera. Josemon y yo, sin prepararlo ni nada, sacamos a la par nuestras carteras.
— ¿Pues no lo ves, capullo? ¡¿No lo ves?! Ni un puto pavo! ¡Que no tenemos nada! —gritó Josemon con la cartera abierta de par en par, casi dándole con ella en la cara al yonki.
—¿Qué quieres que te dé? ¿El puto DNI, coño? ¿La mierda del bonobús gastao? —inquirí mientras le tiraba al yonki el bonobus al pecho— ¡¡Que-no-tenemos-nada!!
Grité aquello seriamente mosqueado con la cartera abierta de par en par. Con tal mala suerte que del aspaviento asomó una moneda de 100pesetas que andaba perdida entre las costuras. No he visto mano más rápida en todo los días de mi vida que la de aquel yonki, que apenas salió disparada la moneda de la cartera cuando el tipo la trincó al vuelvo. Al instante alguien gritó "¡La policía!" Y el yonki salió corriendo entre la gente con la cabeza agachada, casi a la altura de las rodillas, las piernas y los brazos totalmente abiertos. Imaginad como va Spiderman entre los edificios de Nueva York. Pues igual pero corriendo y agachado. Spiderman-Yonki.
Nos giramos y fuimos en busca de la maricona del Marchito que estaba girando sobre si mismo y mordiéndose las uñas... ¡¡¡al lado de una patrulla de la policía!!! Si no hubiera sido porque nos habíamos quedado flipados con los movimientos de huida del Spiderman-Yonki, le hubieramos pegado tres palizas a Marchito.
- Por rata traidora (nos dejó tiraos)
- Por capullo (con la policía a un metro y a nosotros robándonos a veinte)
- Por maricón (esto de manera gratuita, pero sin homofobia ninguna, lo prometo)
Evidentemente le obligamos a pagarnos el bus de vuelta.