¡Y un carajo!

Esta semana es la Feria de Abril de Sevilla. Y pienso escribir todos los días un post dedicado a esta gran fiesta. Me encantaría descubriros las lindezas de esta fiesta grande de la capital hispalense. Porque a todos los sevillanos nos gusta la Feria de Sevilla... ¡Y un carajo!

Extranjeros y españoles del resto del país: si no quieren que les roben su dinero descaradamente, ¡no vengan a la Feria de Abril de Sevilla! Por si no lo saben, la Feria de Abril está exclusivamente diseñada, pensada y extructurada para los señoritos de esta ciudad y para robarle el dinero a la gente de fuera (para nosotros fuera es todo aquello que queda después Brenes al norte y Utera al Sur —¡Vamos, y Utrera ya es a tomar por culo de lejos!—). Eso no significa que extranjeros, gente de otras comunidades y el sevillano currante medio no pueda ir ¡Por supuesto que si pueden! Todos ellos pueden ir a cambio de unos pequeños sacrificios. Porque la Feria de Sevilla está pensada para todo: sobre todo para que tus euros acaben alli.

La grandísima mayoría de las casetas del recinto ferial son privadas. Esto no nos supone ningún problema a todos los sevillanos, porque como ya se sabe, todo sevillano que se precie tiene su propio coche de caballos, Hermandad con la que montar su caseta, dinero suficiente para comer y beber a destajo durante toda la semana (a 12 euros el plato de 6 crocretas pochas —os lo juro por Chuck Norris que esto es asín—), nuestra propia empresa que patrocina todo esto, nuestra propia vaquería y algo así como que 500 botes de gomina para toda esa semana. ¡Todos los sevillanos tenemos estas cosas que nos vienen de serie, si señor!

Aunque bueno, también se puede dar el caso de que haya algún pobre desgraciado, ya sabéis, uno de estos pobres currantes que no tienen ni donde caerse muerto. Pero a ver, son personas: también tienen derecho a oler mierda de caballo como el resto. Los sevillanos de esta clase (y los valientes extranjeros que se atreven a venir sin invitaciones de ninguna caseta), pueden vivir la Feria de Sevilla exactamente igual que los sevillanitos de primera clase. Quizás con unas diferencias. Miniedades:

  1. Degustando un fantástico olor a mierda de caballo (hasta las 18:00h)
  2. Aburriendose dando vueltas por el recinto ferial, comiendo polvo y alvero, asándote de calor (si hace sol) ó empapándote de agua y barro (si llueve), ya que no tienes donde coño meterte
  3. Sorteando a cientos de miles de personas borrachas
  4. Vigilando que no te roben (lo harán igualmente)
  5. Procurando no perder de vista a tu familia y amigos (un clásico: "Si pasa algo nos vemos en la caseta de
  6. Información o en la portada")
  7. Peleandote a grito pelao por una mierda de silla en una caseta pública (la de los distritos)
  8. Rompiéndote los oidos con fantásticas coplillas que deben haber escrito en el mismo infierno
  9. Comiendo tapas, a veces de dudosa calidad, un 300% más caras que una semana antes o después de la fiesta

Un lujo, oiga. ¡Si es que en Sevilla miramos por todos! Hasta el punto de que aqui todo el mundo puede estar en el escalafón que quiera. Como el currante sevillano que pide un crédito personal y días de vacaciones para toda la semana —tan real como las croquetas a 12 euros—. Un muerto de hambre que sueña con tener en el pelo tanta gomina como esos que van a caballo. Posiblemente dejará a sus hijos sin vacaciones ¡Pero todo sea por mi gente, mi caseta, mi compadre y mi comadre! ¡Pero qué gilipollas eres, compadre! ¡Arsa...!

Los mismos gilipollas engominados que se jactaban el verano pasado de lo bien que lo hacía la policia echando a la gente joven de la Alameda de Hercules de Sevilla a las 2:00 de la madrugada sólo porque charlaban en las terrazas de los bares (¡¡por Diox, cuándo se ha visto eso en Sevilla!!), ahora te los verás borrachos, hasta arriba de coca y vomitando las entrañas por su Feria de Abril ¡Ole! ¡Viva el botellón socialmente aceptado, toda la caspa del mundo y la dictadura de la mayoría!