—¡Shé! ¡Oye! ¡Oye, Antoñito, ven pa cá! ¿Dónde va con tanta prisa, canijo? Que ultimamente estás tol día que no paras, ¿a ti te parece bonito? ¿Dónde vas, coño, que te estoy hablando? ¡Ven paca! Veeeeen pacacoñio. Escucha, escuchame que te hablo en serio, mírame a la cara... ¿A dónde ibas? ¿Con el chavalerío de la plazuela? ¿A ti eso te parece bien, Antoñito? Que esa gente son malas compañía, hombre, que no son trigo limpio, que te van a traer por la calle de la amargura, que te llevarán al callejón del navajaso al final... Y tú, mírate: haces to lo que te piden. Como un perro, como un bufón. Y todo, ¿por qué? ¿Por cuatro porros de mierda? Que ya te han visto por ahí harto de porros y bebiendo litrona y litrona y litrona... Eso no es, Antoñino, eso no es ¡Con lo que tú has sido! Un chaval estudioso, aplicado, con la raya pal lao... Bueno, fuiste, porque lo de Antoñito te lo decimos por cariño, pero macho: que ya calzas los 38 y vives con tus padres. Y mírate ahora to peluso, to rapastroso, sin afeitar con los pantalones rotos y oliendo a mierda y aceite de moto todo el día ¿Cúanto hace que no te lavas, so cerdo? ¿Cuánto hace que no te cambias de pantalones, mamona? Que ya no llevas el crucifijo porque lo tienes tatuado en versión mierda en relieve en el pecho, cabrón. ¿Y que pasó con esa cadena de oro, eh? ¡Que la vendiste! Que nos hemos enterado qu te hartaste de los porros y ahora vas con tus amigos más selectos a meterte coca a las discos. Y claro, hace falta pasta, ¿no? De trabjar ni hablar, pero de vender lo qu es tuyo pro supuesto... Y lo del robo de la panadería del barrio pa sacar cuatro duros eso quién ha sido. ¿Tú y los hijos de puta de tus amigos? ¿Pa putas y coca? Eso no es Antoñito, eso no es... Y lo de robar a tu madre ha sido el no va más. Y pegarte con tu padre ¡por Diox, Antoñito! ¡Por Diox! ¿En que estás pensando? ¡¡¿En que estás pensando?!!

—Y... Y, tú: con esas gafah...