El amigo invisible es una de nuestras más castizas y populares costumbres españolas que se viene a celebrar en estas épocas navideñas. Siglos y siglos atrás se ha venido celebrando indistintamente en nochebuena, nochevieja y el día de reyes en toda nuestra península. Evidentemente estoy siendo sarcástico.

Todo el mundo sabe en qué consiste eso del amigo invisible. Y si no lo sabes, siempre puedes echarle un vistazo a su explicación en la Wikipedia. Ahora que ya lo has leido (o te lo traes aprendido de casa), es importante analizar la realidad del asunto.

Lo cierto es que tú, yo, el otro y el de la moto no tienen por qué regalarle nada más allá de padres, hermanos, pareja e hijo. Pero claro, a veces por gusto a uno le apetece tener un detalle con ese amigo del alma. Las relaciones son complejas y ese muy mejor amigo tuyo pertenece a un ecosistema de relaciones donde cohabita con otros amigos. Dentro de ti sabes perfectamente cual es el escalón que ocupa cada uno. Amigos, amiguetes, colegas, conocidos... Un cobarde al que le preocupaba quedar mal con el resto de amigos fue el que que inventó el puto amigo invisible de los cojones para quedar bien con todo el mundo.

Así, de repente y sin planearlo, te ves en la obligación de tener que regalarle algo a alguien que no tenías previsto. Por supuesto sin tiempo suficiente para buscar el puñetero regalito. Si te gusta regalar de verdad, como me pasa a mi, esto es un puteo. Con estas premisas (y la imposición aceptada por mayoría de un regalo cuyo valor máximo no exceda de 10 euros) esto apunta claramente a figurita de mueble-bar.

Si te ha tocado un amigo que conoces, un colega al que eventualmente ves e incluso el amigo de tu amigo que ves cada tres meses, date por satisfecho. Pues los hay que se ven en el compromiso de comprarle un puto regalo a alguien que no tragan ó al reves. Si esto te pasa en el curro, te toca más la moral. Tener que regalarle algo al inútil de Mínguez es algo tan navideño para ti como una coz de Rudolf, el reno gay de Santa, en tus mismisimas pelotas.

Pero podría ser más patético aún. Podría ser que al final tu muy mejor amigo ni siquiera paticipa en el puto amigo invisible de los huevos. Por lo tanto haberte apuntado a esta fiesta del gasto injustificado ya carece de todo sentido. ¡Si yo ya le he comprado regalos a mis padres, hermanos, pareja e hijos, coño! otra cosa muy patética que podría pasar es que se olvidaran de ti para el juego. En este punto ya no sabes qué jode más: si tener que comprarle una gilipollez a alguien o que no cuenten contigo para que te regalen una gilipollez ¡Yo también tengo derecho a mi figurita de mueble-bar, ostia!

Lo resumiré de otro modo con una pregunta: ¿Qué es mejor: 10 personas con 10 regalos inútiles de diez euros ó 10 personas festejando un día juntos con 100 euros de carne/bebida en una barbacoa?

Y es que he aquí el resultado de esta ecuación. La gente invisible es vegetariana.


Os dejo que tengo prisa. Aún no le he comprado su regalo a mi amigo invisible!