Procrastinar.

—¿Qué?

Sí, sí: procrastinar. Es un verbo que he descubierto a raíz de un post de Peny y otros acontecimientos (y mi frikismo por las palabras raras). En su post Peny cita a Gandhi:

SI NO NOS DESVIÁRAMOS DE NUESTRO CAMINO, QUEDARÍAMOS SORPRENDIDOS DE LO FÁCIL QUE ES LLEGAR A LA META QUE NOS PROPONEMOS

Y Peny nos cuenta que le cuesta concentrarse en la dura tarea de estudiar porque se distrae con tareas menores, saltando de una a otra sin parar. La verdad: ¡en parte me sentí identificado!

Hoy mismo una amiga (Glorya) me ha mandado un e-mail sobre el mismo tema. En uno de esos correos en cadena —contribuyo a matar a la bestia haciendo que la cadena muera en mi e-mail y de ahí no pase—, un ocurrente internáuta narra la historia de un tipo que no para de hacer tareas sin concluir ninguna de ellas. Un fragmento:

[...]
Decido echar un vistazo a las cartas antes de lavar el coche. Dejo las llaves del coche en la mesita, voy a tirar los sobres vacíos y los anuncios en el cubo de la basura y me doy cuenta de que está lleno. Decido dejar las cartas, entre las que hay una factura, en la mesita, y llevar el cubo a vaciar en el contenedor.
[...]
Al final de la tarde el coche sigue sin lavar, no he pagado la factura, el cubo de la basura está lleno, hay una lata de Coca Cola caliente en la cómoda
[...]
cómo puede ser que sin haber hecho nada en toda la tarde haya estado todo el rato danzando y me encuentre tan cansad@.

Real como la vida misma. Y lo cierto es que a todo el mundo le pasa. Nos pasa tan a menudo que me pregunto: ¿y si es alguna enfermedad? ¿Y si se trata de algún problema más grave? ¿Algo cerebral? ¡Algo que puede destruir la misma Humanidad!

Nada más lejos de la realidad. Se trata de un verbo que desconocíamos (hasta ahora) y que se ha apoderado de nuestras vidas sin permiso alguno. El muy hijo de puta ha entrado por la puerta principal de nuestra casa, invitado vía sms por el modelo de sociedad en el que vivimos hoy.

—¿Qué?

Me explico. La acepción más sencilla, la de la RAE, dice:

procrastinar.
(Del lat. procrastinare).
1. tr. Diferir, aplazar.

La explicación de los hechos más fidedigna es la siguiente:

Enciendes el ordenador para mandar un e-mail a un amigo. Mientras redactas el e-mail recuerdas una cita buenísima de aquel libro que os gusta a los dos. Te levantas a buscar el libro. Rebuscando encuentras aquel libro sobre fotografía. Recuerdas que tenías una vieja reflex de tu padre en el armario. Te dispones a buscarla y alli encuentras algo de ropa vieja para entregar. Vas a coger una bolsa para la ropa vieja y descubres que tienes que fregar ¡Habías aplazado eso de fregar porque recordaste que tenías que mandar un mail a tu amigo! "Sólo es un minuto", dijiste en voz alta.

Este texto que me acabo de inventar puede reflejar claramente el mal que en nuestra vida provoca procrastinar tareas. A todos nos pasa. Parece gracioso y simpático, pero si alguien no tiene la suficiente perspectiva como para darse cuenta, este tipo de cosas puede provocar malestar en la persona que deriva en depresiones y yo que sé más.

A raiz de esto nacen movimientos y teorías. El Slow Movement (Movimiento de lo Lento), es un movimiento cultural que promueve, ante todo, una vida más tranquila, sosegada y centrada. La idea es que el estrés no haga que se te vaya la pinza y cuando engas cosas que hacer te centres, siendo así más feliz que una lombriz.

A mi de todo esto me sale el chiste fácil. Y yo les digo a los inventores del Slow Movement que para ir slow y feliz por la vida se vengan a algunas de nuestras quedadas y le den un par de caladas a lo que allí fumamos. Aunque es posible que ese cigarro les provoque ciertas lesiones neuronales que desenvoquen en una grave falta de concentración que te hace procrastinar constantemente....

...Ahora lo entiendo todo!