A través de uno d elos proyectos que llevo en el curro muy relacionado con el mundo infantil y juvenil me entero de que hoy 20 de noviembre es el Día Internacional de la Infancia.

Se celebran diferentes actos en todo el mundo en los que el niño es el protagonista. No un niño en concreto: todos, quiero decir. Y en más de un evento se hablará de la seguridad de los críos frente a determinado contenido en Internet lo mismo que se acordarán de que aquellos que no sólo no saben qué es Internet, sino que además en su vida han visto un cuaderno, un lápiz, unos rotuladores...

No voy a sacar el discurso político, porque tampoco os voy a aportar más de lo que ya sabéis u opináis. Pero a raiz de este tema si que os voy a pedir que recordéis los juegos de vuestra infancia. ¿Os acordáis? Yo me acuerdo de tres juegos clásicos de estas estaciones del entretiempo.

LA PEONZA
Ó los trompos por esta tierra. "Punta carnisera no se vale!" era una frase más que repetida en este juego. Lanzabas tu peonza sobre el círculo de arena y como no saliera en el baile, la habías cagado. Tenías que dejar un rehén. Colocabas tu peor trompo. Él viejo trompo cascado te miraba:

—Noooo, ¿quién cuidará de Charly y las peonzitas?
—No me mire así, abuelo. Su muerte será vengada.

Y entonces llegaba el Carli con tu trompo nuevo de punta carnisera. Dorada. Brillante. El jack destripador de las peonzas. Hacía un gesto de lanzador de beisbol y su peonza partía al pobre abuelo por la mitad. Crá! A la mierda... Con punta carnisera, así cualquiera. Han matado al abuelo peonza ¡¡¡hijosdeputa!!!

EL YOYÓ
El yoyó marcaba tu estatus social. Porque igual podías ser un primerizo (con yoyó de 2 estrellas), que un aficionado (yoyó de 3 estrellas), que un autentico profesional mas chulo que un ocho verde pistacho (ese peaso de yoyó de 5 estrellas!).

Y es que no era lo mismo hacer el perrito o el columpio en un yoyó de 2 que de 5 estrellas ¡Ni punto de comparación! Llegabas a tal punto de enfricamiento que cuando hacías el pistolero podías ver a cámara lenta como tu peaso de yoyó cortaba el aire y su perfecto acabado de plástico made in china creaba una fricción casi musical contra él.

Como todo, pasó. A saber donde está el puto yoyó.

LA LIMA
Los niños de antaño debíamos de ser superdotados con respecto a los de ahora. Porque qué autocontrol tendríamos que tener como para que nuestros padres nos prestaran esa casho de lima de 20 centímetros para jugar en la arena húmeda de la plazuela sin que temieran por nuestras vidas. Los principiantes comenzaban con un destornillador. Señal de pringao. La primera esquina era una experiencia religiosa.

—illo, illo, ¡¡¡que por fin lanzo a la esquina!!! ¡qué nervios! ¡mi primera vez!
—:Tranqui, Mariela, tranqui... que no te va a doler.

Frase que retomaríamos años después, claro. Ver cómo la lima penetraba en la arena húmeda justo en el sitio que habías seleccionado con la mirada era lo más parecido a un orgasmo que se puede sentir teniendo, claro, 11 años.

¡¡Anda que hoy en día como para dejarles a un puto cani una lima de 20 centimetros para que ande con ella por ahi!!
Pero claro, la culpa la tenemos nosotros, que de jóvenes eramos superdotados. Démos gracias a que determinados juegos han desaparecidos entre los críos de ahora.

Hay muchos más. Las chapas, las canicas, el elástico... Deja un comentario de tu juego favorito, ¿shashi? :)